Creía que eran los últimos momentos que pasaríamos juntos. Que después del verano, todo acabaría, yo me iría a estudiar a otra ciudad y ya no nos veríamos más. Se suponía que tú te quedabas aquí. Pero no, de nuevo, sigues sin irte del todo. ¿Por qué te has venido a la misma ciudad que yo? ¿Por qué no puedes desaparecer de una vez? ¿Por qué no me puedo sacar de la cabeza la estúpida idea de que es el destino?